Editorial para Residir (português)

Tradução: Ana Tomimori

                  Com a entrevista a artista Jimena Andrade e seu projeto “Furia y Colmillo”, iniciamos esta seção dedicada a projetos de artistas desenvolvidos em espaços rurais na América Latina. Para ele apresentamos a Tania Fuentes, quem desenvolve esta fase de entrevistas a projetos e espaços no contexto rural colombiano. Tania fez parte da Residência Cocuyo 2020 junto a Camilo Cuervo conformando a agrupação “Trez del Sur”. Durante este tempo conhecemos seu amplo interesse pela agroecologia, sua empatia com as comunidades rurais e o vínculo com o campo da arte em estreita relação com sua formação em sociologia. Paralelamente seu trabalho na Fundação “Três Colibris” e o projeto desenvolvido na Residência Cocuyo nos demostraram sua capacidade investigativa y o gosto pela escrita. É por isso que a convidamos para formar parte da nossa equipe para o corpo investigativo da Seção Residir.

                  Ao final de 2019 anunciamos este espaço dedicado a investigação de processos artísticos no campo. Contanto as condições do mundo deram um giro em 2020 com a início da quarentena global provocada pela pandemia do COVID-19. A partir de ai temos visto as condições humanas em suas dimensões sociais, econômicas e políticas, dando voltas em uma espiral permanente que ainda permanecemos. Nossa casa e lugar de trabalho tem sofrido transformações como a de todos os cidadãos do planeta neste ultimo ano. No entanto as mudanças biológicas e ambientais tem sido prévios e constantes. Em nosso curto período de tempo no sitio, temos visto como os ciclos climáticos são imprevisíveis, alterando todas as colheitas. Igualmente nos surpreendemos o desaparecimento de amplas zonas cultiváveis fazem trinta o quarenta anos, cafezais que tem desaparecido nas alturas baixas pelo incremento do clima.

                  De repente o campo e a agricultura começam a recuperar seu papel central na sociedade, um lugar que em nosso continente se desloco para as cidades nas ultimas três gerações.  E isso, no contexto de Colômbia, também tem representado uma transferência dos conflitos sociais. A guerra no país a partir da segunda metade do século XX teve o cenário nas montanhas e como protagonistas as pequenas comunidades rurais que nelas viviam. Isso acelero de forma frenética o povoamento das cidades. Colômbia representa depois da Síria, o segundo maior caso de êxodos humanos internos, deslocamentos forçados pelo conflito armado no mundo. No momento em que escrevo existem 43 casos de homicídio y 21 vítimas de violência sexual por parte de homens da força pública (fonte: Temblores e Indepaz). Em 6 de Maio o jornal nacional El Espectador, contabilizou 379 pessoas desaparecidas. Tudo dentro da greve nacional que tem como epicentro as cidades da Colômbia desde 28 de abril. Reinvindicações históricas estão sobre a mesa. Todo no contexto de uma pandemia que é avassaladora frente a política publica, um dos mais baixos índices de vacinação no continente e uma crise econômica sem precedente, em um país que já apresentava níveis incomparáveis de desigualdade e pobreza.

Caem os monumentos. Nós continuamos a colheita de café enquanto procuramos testemunhar entre nossos colegas artistas, este giro que não para, a grande onda que empurra a humanidade ao mar profundo de seu destino.

Neste link encontram a primeira entrevista por Tania a Jimena Andrade (click). As traduções espanhol-português são feitas por Ana Tomimori do Projeto Cocuyo e atualmente diretora da Residência Cocuyo.

Agradecemos sua leitura.

Um abraço,

Carlos Felipe Guzmán

Proyecto Cocuyo          

Residir

Hola somos Ana y Carlos de Proyecto Cocuyo. En este mes cumplimos tres años desde que nos fuimos a la montaña. Una serie de circunstancias sumadas a nuestra voluntad, se conjugaron para hacernos salir de las grandes ciudades e internarnos en el campo para vivir. Tuvimos muchas preguntas sobre cómo construir un espacio, una economía, una vida en un lugar completamente desconocido. La rutina y el ambiente social serian desde entonces lugares de experimentación, espacios abiertos, hojas en blanco. Entonces éramos artistas con actividad permanente en el campo del arte contemporáneo. Recientemente habíamos finalizado estudios de maestría en artes visuales en la ciudad de Sao Paulo. La vida en la ruralidad nos obligó a cambiar de prioridades, a alejarnos del sistema del arte y el mundo académico para entrar en el sistema agrario, en el cotidiano de la gestión de una finca cafetera agroforestal (lea aquí el resumen de nuestro primer año).

Siempre en nuestra mente estaba la idea de activar un espacio de residencia artística. Pero en medio de este propósito estaba la demanda diaria, la economía que debíamos levantar de cero. Así aprendimos a cultivar y procesar el café, las naranjas, las mandarinas, los limones, los bananos y a comercializar el producto en la ciudad. El café cocuyo es resultado de estos años de inmersión permanente en la vida agraria. Hemos vivido de sol a sol las tres últimas cosechas cafeteras, sus altos y bajos, sus dramas y alegrías, la satisfacción de trabajar con nuestras propias manos. Continuamos paralelamente la vida en el mundo del arte que se mueve por la inercia de años de trabajo. El ritmo de participación en proyectos y convocatorias se redujo sustancialmente. En estos tres años desde nuestra vereda desarrollamos un proyecto colectivo para una curaduría del 16º Salón Regional de Artistas – Zona Centro, evento que a su vez ayudamos a circular en nuestra región, recibimos la Escuela Flora del espacio Flora Ars+Natura y Carlos instaló un taller temporal para elaborar un proyecto para la exposición Nuevos Nombres del Banco de la República. Una red de espacios rurales, de gestores y pensadores libres se volvieron nuestros amigos [1]. Lentamente fuimos entrando en una comunidad que a su vez interactúa permanentemente con los pueblos a los que pertenece. Nos volvimos parte de un mundo que se inaugura desde hace varios años en los campos de Colombia y otras latitudes. Es una gran familia de personas que crecieron en las grandes capitales y que han decidido radicarse fuera de ellas, en las zonas rurales.

Hemos tomado distancia de nuestro campo de acción principal, del lugar que conocemos, donde nos formamos y crecimos. Y así residimos permanentemente en un lugar periférico, silencioso, pero que a su vez está lleno de una vida exuberante, de una raíz profunda que resuena. Así nos surge una pregunta que queremos responder a partir del testimonio de nuestros colegas, artistas de profesión: ¿Cómo se entienden los procesos de creación en las residencias artísticas? ¿Cómo se define el concepto de “residir” desde el campo del arte?

Para tal fin realizaremos entrevistas a espacios de residencia en entornos rurales, destinados a la creación y circulación de las artes plásticas y visuales en Colombia y América Latina. Publicaremos los testimonios de forma permanente.

[1] Proyectos rurales que conforman la Red de Permacultura del Tequendama.

Reforestación y sucesión natural

Por: Carlos Felipe Guzmán – Proyecto Cocuyo

“Plantar pocos elementos es como querer criar un niño y pensar en su dedo, en su nariz o en su estómago. El niño es un macro-organismo. Es necesario mirar para el macro-organismo. Así también deberían ser nuestros cultivos” (GOTSCH, 2015) [1]

Voluntaria Caroline apoyando la plantación de nuevos cafetos. 

Un área de nuestra finca cafetera presenta la mayor presencia de broca, conocida plaga del café, en el análisis físico realizado al inicio de la cosecha en marzo. Se trata de una zona que difiere del resto de cafetales al encontrar un número inferior de árboles y otras plantas de sombrío como el banano. El área ha perdido gradualmente la zona de bosque debido a la instalación de la línea de luz que atraviesa el lugar desde la década del setenta, cuando fue instalada la red de conexión eléctrica. Los vientos, la lluvia y fuertes tormentas derriban árboles y ramas constantemente. En nuestra estancia en la zona durante los últimos dos años y medio, una gran rama de “Arrayán” cayó sobre los cables dejando toda la zona sin conexión eléctrica por una semana. Se trató quizá de una de las mayores tormentas eléctricas que hemos vivido aquí. La pérdida del estrato alto y emergente, árboles longevos de porte alto, ha permitido el surgimiento de vegetación rastrera de tipo invasivo. Erróneamente estas plantas son llamadas “malezas”, que sin embargo no representan más que el estado inicial de un sistema forestal en desarrollo. La planta dominante es el helecho águila o helecho común “Pteridium aquilinum”. Su característica principal es la adaptación a casi cualquier tipo de suelo y ambiente, presente prácticamente en todos los continentes. Aparentemente se extiende abiertamente a partir de perturbaciones en el sistema: “por fuego, por agricultura o por huracanes”.

A la izquierda helecho común “Pteridium aquilinum”; a la derecha planta de café “Coffea Arabica” en crecimiento.

Evidentemente grandes tormentas afectan la zona desde que se tiene memoria. Los abuelos, antiguos habitantes de la zona, afirmaron que los vientos intensos y las lluvias torrenciales son característicos en la región, alternando épocas de lluvia y sequía. Por otra parte se encontraron rastros de quema, tal vez con una antecedencia de varias décadas se mantienen trazos de un posible incendio o fuego controlado. A pesar de ello perviven cafetales viejos de más de cuarenta años, variedad caturra amarillo plantado en época de la “bonanza cafetera” colombiana de 1977. De igual forma existen algunas plantas de cacao de porte medio alternados con el cafetal. Durante el año pasado varios árboles nativos y pioneros de “Cecropia”, guarumo o yarumo, emergieron en diferentes zonas descampadas a lo largo del sistema agroforestal. Dos de ellos en el área de estudio que se ha descrito. Estas plantas son el indicio de que el sistema ha dado un segundo paso y se prepara para avanzar en la sucesión natural. De esta forma y a la sombra de estos pioneros plantamos dos árboles de “Inga Edulis” conocida en Colombia como Guamo. Este árbol nativo es de los más usados en el sombrío de cafetales a lo largo de toda América Latina. Su carácter de leguminosa le permite ser un potente fijador de nitrógeno, esencial en el crecimiento y balance nutricional del suelo. El árbol no sólo permite el aporte a la tierra como abono sino que su sombra inhibe la preponderancia del estrato rastrero, es decir que se busca con ello la reducción futura del helecho “Pteridium aquilinum”.

“Inga Edulis” creciendo  a la sombra de “Cecropia”.

Gran energía humana y fósil se destina actualmente para el control de esta planta, que se ha vedado exclusivamente por corte. Se plantó alternadamente bajo la línea del cable de luz una serie de colinos de banano de gran porte y algunas plantas de cacao para el estrato bajo. De igual forma se procedió a la renovación del cafetal mediante la siembra de algunas plantas de café. Todo ello busca acelerar el paso que la propia naturaleza busca dar con la emergencia de la Cecropia. El futuro sombrío dado por el nuevo estrato creado, limitará los niveles de luz directa al suelo y permitirá la fijación de mayores niveles de dióxido de carbono. Tras el análisis físico de plagas fue evidente que la sombra reduce la temperatura en el suelo y los estratos bajos. La broca, conocida enemiga de los caficultores, es un insecto que prolifera en relación a la temperatura y en el caso de los Andes, a la altura del cultivo. Nos encontramos bajo los 1600 metros sobre el nivel del mar, en terreno propicio para su crecimiento y desarrollo. Sin embargo comprobamos que los niveles de broca se mantienen en el estándar permitido para el cultivo, reduciendo su presencia en relación al sombrio con árboles y presencia de consorcios con banano, cítricos, mango, yuca y especies florales. La conclusión es que el sombrío en nuestro sistema de policultivo reduce las temperaturas que evitan el desarrollo pleno de brocas.

Planta de banano comienza a retoñar en el área cultivada.

En el proceso de plantar los nuevos árboles nos ayudaron Alex y los voluntarios François, Elise, Jean, Caroline, Milly, Stephanie y Lucas. De igual forma el semillero de nuevas plantas de café fue gestionado y trabajado por mi padre y las plantas de cacao fueron plantadas por Melisa, amiga de la Red de Permacultura del Tequendama en bolsas para trasplante durante el 2017. Anita y yo estuvimos en este proceso, trabajando y apoyando la labor de todos. Esperamos que la mano de cada uno se refleje en el tiempo, buscamos que la vida continúe abriéndose camino.

Cundinamarca, Colombia. Julio de 2019

[1] En: PASSINI DOS SANTOS, Felipe. “A Agricultura Sintrópica de Ernst Götsch: história, fundamentos e seu nicho no universo da Agricultura Sustentável”. UNIVERSIDADE FEDERAL DO RIO DE JANEIRO. PROGRAMA DE PÓS-GRADUAÇÃO EM CIÊNCIAS AMBIENTAIS E CONSERVAÇÃO. https://es.scribd.com/document/389276703/A-Agricultura-Sintropica-de-Ernst-Gotsch

Entrevista Esféra Pública: Pensar la Escena

Por: Esféra Pública

Con esta entrevista a los artistas Carlos GuzmánAna Tomimori (Revista {emergencia}, Proyecto Cocuyo) concluimos la serie de entrevistas en torno a la crítica en el campo local en la que han participado Ursula Ochoa, Claudia Díaz, Elkin Rubiano, Carlos Salazar, Peio Aguirre, Guillermo Vanegas, Luis Camnitzer y Fernando Escobar.

[esferapública] En un contexto como el actual, donde las redes sociales han multiplicado la posibilidad de opinar libremente sobre todos los temas, ¿como percibe el ejercicio de la crítica en torno a situaciones y eventos del campo del arte?

Carlos Guzmán Bien, para hablar de lo actual me gustaría hacer un recuento desde mi experiencia. En mi etapa de formación universitaria existían pocos espacios de exhibición, pocas instituciones del arte local, una cierta precarización de la práctica artística que aún persiste pero que hace una década era más acentuada. Los artistas vivían un medio y un contexto sociopolítico algo convulsionado, una especie de situación de riesgo. Haciendo memoria de esta primera etapa puedo afirmar que la situación era realmente crítica. Y este nivel critico del contexto alimentaba un debate social intenso que en el arte colombiano se traducía en una centralidad de las prácticas asociadas a la reacción. De allí la emergencia de lo independiente, de los espacios de crítica, de las obras y narrativa del arte colombiano que muchos artistas ya venían construyendo desde los noventa. Existía una pulsión, no sólo de mi juventud y de quienes me rodeaban, de ir contra la corriente de situaciones. De igual forma estos debates y momentos se vivían en relación proporcional al desarrollo de las redes sociales. La red estaba en fase de crecimiento y exploración, mi generación creció bajo la idea del internet abierto y libre. Recuerdo el inicio de “Youtube” en los años en que comenzaba mis estudios universitarios, “Facebook” a mediados de esta etapa. Existían varios buscadores y plataformas que con los años fueron desapareciendo, muchas absorbidas por las grandes corporaciones que se fueron abriendo camino en el mundo virtual. Las leyes de derechos de autor y otro tipo de “policía”, en el sentido que Rancière le confiere en su oposición a la “política”, han reemplazado y transformado espacios de la esfera pública.

Hoy en día no es lo mismo ofrecer una opinión en la web. De antemano sabemos que todo lo que divulguemos, publiquemos, repliquemos, podrá ser utilizado en nuestra contra. Edward Snowden, Wikileaks y un largo etc. de situaciones en la macropolítica, nos hace sentir en el cotidiano que no estamos lejos del mundo propuesto por Orwell en la década del cuarenta del siglo XX. Mientras escribo esto Mark Zuckerberg, creador de la red social Facebook, ha acabado de ofrecer declaraciones al congreso de los Estados Unidos, respecto al papel que esta plataforma ha cumplido en la filtración de datos personales de sus usuarios con fines políticos.

Si bien las redes sociales han multiplicado la posibilidad de opinar libremente, se entiende que el ejercicio de esta libertad está sujeto a los tribunales del Gran Hermano. La inteligencia ahora lleva el ser “artificial” como adjetivo. Se ha creado un nuevo juego de opuestos, se barajan las cartas. Los que crecimos a la par del boom de las redes sociales sabemos que la situación cambia gradualmente. La tendencia indica que los espacios virtuales serán cada vez más controlados, al nivel de muchos espacios públicos que con el tiempo se tornan zonas de lo privado, como la educación, la salud y el agua.

Es por todo esto que los lugares actuales de la crítica son incipientes y poco transitados. El medio del arte local ha superado el que fuera ese umbral del riesgo y los cambios políticos locales y globales, físicos y virtuales, hacen que no todo se exponga abiertamente a través de los medios virtuales. Creo que existe un desplazamiento que aún no percibimos, un sutil movimiento de las comunidades hacia nuevos espacios de encuentro y crítica.

[esferapública] En el campo de las prácticas editoriales independientes que han venido publicando desde hace más de cinco años años (emergencia, esferapublica, Sablazo, etc.) ¿cree usted que se ha dado un relevo en términos de nuevas voces y proyectos?

Carlos Guzmán A la fecha existen pocos espacios de crítica, hace poco surgió el P.C.C – Periódico de Crítica Colombiana que se proyecta como un nuevo lugar para la circulación permanente de temas asociados al campo del arte. Sin embargo es muy reciente y de esta forma no es posible afirmar su impacto a largo plazo. También su formato es conciso y directo lo que facilita la circulación, sin embargo ciertos temas requieren trabajo de largo aliento y profundidad. A largo plazo será interesante observar las dimensiones que puede llegar a tocar. La revista emergencia, proyecto del cual formo parte desde sus inicios, atraviesa actualmente un proceso de revisión y actualización. Esperamos poner a circular nuevamente el material en archivo junto a nuevos temas importantes en el contexto actual. Otros proyectos de largo aliento como Sablazo cumplieron una función importante al mantener discusiones y temas en circulación durante periodos de tiempo importantes, abriendo el panorama hacia otros campos del medio cultural como el cine y la literatura. “Esferapública” es un espacio con el cual se formó una generación de artistas, estos junto a otros que quizás se me escapan, fueron un fenómeno de una serie de iniciativas de gestores, críticos y artistas que pusieron a circular información que alimentó una estructura en crecimiento, que generaron una red de escritores y lectores, un espacio esencial para entender el arte en Colombia. Pienso en estos espacios, incluso en la “Columna de arena” de José Roca, como archivos virtuales que guardan dentro de sí una base muy importante para conocer los diversos cambios y la historia del arte contemporáneo local, en su estrecha relación con los contextos regionales e internacionales.

Creo que sí existen cambios en los espacios de crítica escrita. El más claro es respecto a las figuras que anteriormente alimentaban la escena. Estas voces, quizás por los cambios sociales que devienen en nuevos rumbos personales, ya no protagonizan el debate. Albarracín, Vanegas y Ospina por ejemplo. Creo que ameritaría desde esfera pública abrir el archivo y ver si su contenido puede tener resonancia en el presente. Leer la escena es una iniciativa interesante en ese sentido. Sin embargo el fulgor y el nivel incisivo de ciertas voces creo que estuvieron siempre acompañados de una escena social que impulsaba un movimiento, una brecha importante en la que el conformismo y la pasividad no podían tener un lugar.

Ana Tomimori y Carlos Guzmán

[esferapública] En qué proyectos trabaja Carlos actualmente y de qué forma se relacionan con sus procesos previos?

Carlos Guzmán Esta pregunta quisiera responderla junto a mi compañera del Proyecto Cocuyo, Ana Tomimori. Esta iniciativa conjunta busca la reactivación de un espacio rural que vivió muchos años de embates económicos y sociales. Es una pequeña finca familiar localizada en el municipio de Cachipay, Cundinamarca. Viví en Sao Paulo tres años mientras desarrollaba un proyecto de maestría. Allí, muy lejos de los Andes, me encontré con un rincón de una montaña donde viví algunos años de mi primera infancia. El estado de Sao Paulo fue alguna vez el epicentro de la caficultura mundial y su geografía urbana esconde para mí, pedazos de una memoria que compartimos brasileros y colombianos. Viajar fue de cierta forma un retorno. En las calles de la capital paulista hallé la memoria de mis abuelos, cafeteros de las montañas del Tequendama. Este lugar recoge mi historia que es la historia de un país siempre al borde del abismo, entre ejércitos rebeldes de liberales radicales, de cafetales y monumentos detenidos en el tiempo como el tren y ese mundo rural que es pasado y es presente. Para muchos colombianos la historia comienza allí, en medio de una montaña perdida, selvática y agreste.

Ana Tomimori La historia de las inmigraciones del siglo XX en Brasil tuvieron que ver con el café. Así también he venido de un pasado agrario, del reemplazo de mano de obra esclava para mano de obra de inmigrantes de otros continentes, pasando por complejas cuestiones sociales. Mis bisabuelos y abuelos eran campesinos, pero criaron a mis papas para salir del campo, ir hacia la ciudad en busca de una “mejor vida”, del “progreso”, “la cultura”. Nascí y crecí en la ciudad de Sao Paulo, acostumbrada con la vida urbana, a moverme rápidamente por las calles y a disfrutar los cambios constantes y repentinos de la modernidad. Aunque veraneaba en una finca desde niña, entre un río, arboles, animales y piojos, siempre fui de una ciudad grande. Pero ya hace un tiempo que la cuestionaba, ¿por qué despertar a las 5:30 de la mañana para ingresar al trabajo a las 8:00, tener una hora de almuerzo, salir a las 5:00pm y llegar en la casa a las 7:00 de la noche? ¿Qué horas te sobran para vivir? Y cuando te encuentras con tus amigos ya estas tan cansada que no disfrutas ese tiempo. Como artista también me preguntaba por la cultura, que está en función de esta rutina tan desgastante, aunque existan muchas cosas interesantes, ellas se vuelven anestesia y alivio de este espacio sin tiempo. Ir a la finca e intentar un proyecto acá en Colombia, para mi tiene el propósito de salir de ese movimiento mecánico que envuelve la cultura, intentar comprender si existen otros modos de continuar siendo artista sin estar solamente enfocada en las convocatorias, aperturas de exposiciones, “el progreso” y las miles de novedades diarias. No rechazo lo que esta pasando en la ciudad, en el circuito artístico, el mundo agrario también tiene sus contradicciones y no esta siendo fácil, no tengo respuestas pero me pregunto.

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Proyecto Cocuyo en 2017

Hola, somos Ana y Carlos de Proyecto Cocuyo. Hace un año nos trasladamos a zona rural de un municipio de Cundinamarca, en la cordillera oriental de Colombia. Desde entonces vivimos en una casa familiar, antiguamente ocupada por los abuelos de Carlos. Ellos vivieron acá hasta el fallecimiento del abuelo durante la cosecha cafetera de 2015. La casa es antigua, su construcción data de inicios del siglo XX. La historia de Colombia recorre la memoria del lugar: el trapiche abandonado, el camino real, la carretera, las ruinas de la antigua vía del tren, el café, la montaña, este lugar que aún respira un carácter agreste, inaccesible. Continue reading