Entrevista Esféra Pública: Pensar la Escena

Por: Esféra Pública

Con esta entrevista a los artistas Carlos GuzmánAna Tomimori (Revista {emergencia}, Proyecto Cocuyo) concluimos la serie de entrevistas en torno a la crítica en el campo local en la que han participado Ursula Ochoa, Claudia Díaz, Elkin Rubiano, Carlos Salazar, Peio Aguirre, Guillermo Vanegas, Luis Camnitzer y Fernando Escobar.

[esferapública] En un contexto como el actual, donde las redes sociales han multiplicado la posibilidad de opinar libremente sobre todos los temas, ¿como percibe el ejercicio de la crítica en torno a situaciones y eventos del campo del arte?

Carlos Guzmán Bien, para hablar de lo actual me gustaría hacer un recuento desde mi experiencia. En mi etapa de formación universitaria existían pocos espacios de exhibición, pocas instituciones del arte local, una cierta precarización de la práctica artística que aún persiste pero que hace una década era más acentuada. Los artistas vivían un medio y un contexto sociopolítico algo convulsionado, una especie de situación de riesgo. Haciendo memoria de esta primera etapa puedo afirmar que la situación era realmente crítica. Y este nivel critico del contexto alimentaba un debate social intenso que en el arte colombiano se traducía en una centralidad de las prácticas asociadas a la reacción. De allí la emergencia de lo independiente, de los espacios de crítica, de las obras y narrativa del arte colombiano que muchos artistas ya venían construyendo desde los noventa. Existía una pulsión, no sólo de mi juventud y de quienes me rodeaban, de ir contra la corriente de situaciones. De igual forma estos debates y momentos se vivían en relación proporcional al desarrollo de las redes sociales. La red estaba en fase de crecimiento y exploración, mi generación creció bajo la idea del internet abierto y libre. Recuerdo el inicio de “Youtube” en los años en que comenzaba mis estudios universitarios, “Facebook” a mediados de esta etapa. Existían varios buscadores y plataformas que con los años fueron desapareciendo, muchas absorbidas por las grandes corporaciones que se fueron abriendo camino en el mundo virtual. Las leyes de derechos de autor y otro tipo de “policía”, en el sentido que Rancière le confiere en su oposición a la “política”, han reemplazado y transformado espacios de la esfera pública.

Hoy en día no es lo mismo ofrecer una opinión en la web. De antemano sabemos que todo lo que divulguemos, publiquemos, repliquemos, podrá ser utilizado en nuestra contra. Edward Snowden, Wikileaks y un largo etc. de situaciones en la macropolítica, nos hace sentir en el cotidiano que no estamos lejos del mundo propuesto por Orwell en la década del cuarenta del siglo XX. Mientras escribo esto Mark Zuckerberg, creador de la red social Facebook, ha acabado de ofrecer declaraciones al congreso de los Estados Unidos, respecto al papel que esta plataforma ha cumplido en la filtración de datos personales de sus usuarios con fines políticos.

Si bien las redes sociales han multiplicado la posibilidad de opinar libremente, se entiende que el ejercicio de esta libertad está sujeto a los tribunales del Gran Hermano. La inteligencia ahora lleva el ser “artificial” como adjetivo. Se ha creado un nuevo juego de opuestos, se barajan las cartas. Los que crecimos a la par del boom de las redes sociales sabemos que la situación cambia gradualmente. La tendencia indica que los espacios virtuales serán cada vez más controlados, al nivel de muchos espacios públicos que con el tiempo se tornan zonas de lo privado, como la educación, la salud y el agua.

Es por todo esto que los lugares actuales de la crítica son incipientes y poco transitados. El medio del arte local ha superado el que fuera ese umbral del riesgo y los cambios políticos locales y globales, físicos y virtuales, hacen que no todo se exponga abiertamente a través de los medios virtuales. Creo que existe un desplazamiento que aún no percibimos, un sutil movimiento de las comunidades hacia nuevos espacios de encuentro y crítica.

[esferapública] En el campo de las prácticas editoriales independientes que han venido publicando desde hace más de cinco años años (emergencia, esferapublica, Sablazo, etc.) ¿cree usted que se ha dado un relevo en términos de nuevas voces y proyectos?

Carlos Guzmán A la fecha existen pocos espacios de crítica, hace poco surgió el P.C.C – Periódico de Crítica Colombiana que se proyecta como un nuevo lugar para la circulación permanente de temas asociados al campo del arte. Sin embargo es muy reciente y de esta forma no es posible afirmar su impacto a largo plazo. También su formato es conciso y directo lo que facilita la circulación, sin embargo ciertos temas requieren trabajo de largo aliento y profundidad. A largo plazo será interesante observar las dimensiones que puede llegar a tocar. La revista emergencia, proyecto del cual formo parte desde sus inicios, atraviesa actualmente un proceso de revisión y actualización. Esperamos poner a circular nuevamente el material en archivo junto a nuevos temas importantes en el contexto actual. Otros proyectos de largo aliento como Sablazo cumplieron una función importante al mantener discusiones y temas en circulación durante periodos de tiempo importantes, abriendo el panorama hacia otros campos del medio cultural como el cine y la literatura. “Esferapública” es un espacio con el cual se formó una generación de artistas, estos junto a otros que quizás se me escapan, fueron un fenómeno de una serie de iniciativas de gestores, críticos y artistas que pusieron a circular información que alimentó una estructura en crecimiento, que generaron una red de escritores y lectores, un espacio esencial para entender el arte en Colombia. Pienso en estos espacios, incluso en la “Columna de arena” de José Roca, como archivos virtuales que guardan dentro de sí una base muy importante para conocer los diversos cambios y la historia del arte contemporáneo local, en su estrecha relación con los contextos regionales e internacionales.

Creo que sí existen cambios en los espacios de crítica escrita. El más claro es respecto a las figuras que anteriormente alimentaban la escena. Estas voces, quizás por los cambios sociales que devienen en nuevos rumbos personales, ya no protagonizan el debate. Albarracín, Vanegas y Ospina por ejemplo. Creo que ameritaría desde esfera pública abrir el archivo y ver si su contenido puede tener resonancia en el presente. Leer la escena es una iniciativa interesante en ese sentido. Sin embargo el fulgor y el nivel incisivo de ciertas voces creo que estuvieron siempre acompañados de una escena social que impulsaba un movimiento, una brecha importante en la que el conformismo y la pasividad no podían tener un lugar.

Ana Tomimori y Carlos Guzmán

[esferapública] En qué proyectos trabaja Carlos actualmente y de qué forma se relacionan con sus procesos previos?

Carlos Guzmán Esta pregunta quisiera responderla junto a mi compañera del Proyecto Cocuyo, Ana Tomimori. Esta iniciativa conjunta busca la reactivación de un espacio rural que vivió muchos años de embates económicos y sociales. Es una pequeña finca familiar localizada en el municipio de Cachipay, Cundinamarca. Viví en Sao Paulo tres años mientras desarrollaba un proyecto de maestría. Allí, muy lejos de los Andes, me encontré con un rincón de una montaña donde viví algunos años de mi primera infancia. El estado de Sao Paulo fue alguna vez el epicentro de la caficultura mundial y su geografía urbana esconde para mí, pedazos de una memoria que compartimos brasileros y colombianos. Viajar fue de cierta forma un retorno. En las calles de la capital paulista hallé la memoria de mis abuelos, cafeteros de las montañas del Tequendama. Este lugar recoge mi historia que es la historia de un país siempre al borde del abismo, entre ejércitos rebeldes de liberales radicales, de cafetales y monumentos detenidos en el tiempo como el tren y ese mundo rural que es pasado y es presente. Para muchos colombianos la historia comienza allí, en medio de una montaña perdida, selvática y agreste.

Ana Tomimori La historia de las inmigraciones del siglo XX en Brasil tuvieron que ver con el café. Así también he venido de un pasado agrario, del reemplazo de mano de obra esclava para mano de obra de inmigrantes de otros continentes, pasando por complejas cuestiones sociales. Mis bisabuelos y abuelos eran campesinos, pero criaron a mis papas para salir del campo, ir hacia la ciudad en busca de una “mejor vida”, del “progreso”, “la cultura”. Nascí y crecí en la ciudad de Sao Paulo, acostumbrada con la vida urbana, a moverme rápidamente por las calles y a disfrutar los cambios constantes y repentinos de la modernidad. Aunque veraneaba en una finca desde niña, entre un río, arboles, animales y piojos, siempre fui de una ciudad grande. Pero ya hace un tiempo que la cuestionaba, ¿por qué despertar a las 5:30 de la mañana para ingresar al trabajo a las 8:00, tener una hora de almuerzo, salir a las 5:00pm y llegar en la casa a las 7:00 de la noche? ¿Qué horas te sobran para vivir? Y cuando te encuentras con tus amigos ya estas tan cansada que no disfrutas ese tiempo. Como artista también me preguntaba por la cultura, que está en función de esta rutina tan desgastante, aunque existan muchas cosas interesantes, ellas se vuelven anestesia y alivio de este espacio sin tiempo. Ir a la finca e intentar un proyecto acá en Colombia, para mi tiene el propósito de salir de ese movimiento mecánico que envuelve la cultura, intentar comprender si existen otros modos de continuar siendo artista sin estar solamente enfocada en las convocatorias, aperturas de exposiciones, “el progreso” y las miles de novedades diarias. No rechazo lo que esta pasando en la ciudad, en el circuito artístico, el mundo agrario también tiene sus contradicciones y no esta siendo fácil, no tengo respuestas pero me pregunto.

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