Residir: Furia y Colmillo

Entrevista a Jimena Andrade, gestora del proyecto ‘Furia y Colmillo’

Por Tania Fuentes*.

A través de la voz de la artista colombiana Jimena Andrade conoceremos la experiencia del Proyecto Furia y Colmillo, conformado por la artista y Santiago Andrade Moreno, el cuál tuvo sus inicios en el año 2014 en Guasca, Cundinamarca. Guasca es un topónimo de origen muisca compuesto de dos vocablos: gua ‘sierra’ y shuca ‘falda’. Así que allá, en la falda de la sierra acontecieron los siguientes hechos y aprendizajes. Este proceso ha estado en desarrollo por más de 7 años, y se ha escogido por ser una experiencia icónica que combina la producción agroecológica con productos, procesos y reflexiones en el campo del arte.

Tania Fuentes: ¿Cómo nace Furia y Colmillo? ¿Quiénes iniciaron el proceso? ¿Cuáles fueron las motivaciones?

Jimena Andrade: Furia y Colmillo es un proyecto de autogestión cotidiana, nace después de un proceso trabajando como guardiana de semillas en una huerta comunitaria y agroecológica en Bogotá. Nos fuimos a vivir a Guasca, Cundinamarca. Compramos dos vaquitas y empezamos a hacer lo que hace la gente con la leche. Nos dimos cuenta de la dinámica del agro-negocio y cómo afecta esto. Decidimos transformar la leche para hacer una especie de resistencia a esas industrias y procesadores de lácteos. Hacíamos queso y yogures y vendíamos en Bogotá. Estos productos eran dispositivos pedagógicos que permitían enunciar las diferencias que existen en el consumo de un derivado de una industria láctica y un derivado de un producto artesanal auto-gestionado.

Esto nos mostró la importancia de entender un proceso de autogestión en todas las esferas de la cadena de producción, que incluyen también al consumidor. Y permite pensar acerca de lo que uno está apoyando al momento de comprar estos procesos. En Furia y Colmillo también teníamos una huerta agroecológica, compostaje, humus de lombriz californiana, dos cabritas. Al final del proyecto ya éramos más sofisticados en la producción, se hacía queso fresco de cabra y vaca, queso feta, queso fundido y yogures de cabra y vaca.

Santiago Andrade Moreno, maestro quesero, miembro del proyecto “Furia y Colmillo”.
Imágenes cortesía de Furia y Colmillo. Proyecto interferencia-co.net

TF: ¿Cuál fue el contexto al que ustedes llegaron? ¿cómo fue el proceso para sentirse parte de este territorio?

Esa pregunta es importantísima, teniendo en cuenta que al llegar de Bogotá uno puede ser un agente “gentrificador”, conflictivo y a veces hasta peligroso; en la medida en que se puede pensar que uno va a quitar las oportunidades, o simplemente por ser un extraño. Fue difícil, algunos campesinos son muy conservadores y prefieren al gamonal o al finquero que los explota. Las dinámicas de trabajo colectivo fueron difíciles de crear. Se intentó, y se intentó, y finalmente logramos hacer vínculos con jóvenes y familias que tenían formación política y procesos ideológicos similares a los nuestros. El campesino no es romántico, es complejo, es muy machista. Yo vivía allí con mi hijo, y era digamos la cabeza del proyecto. Soy mujer y para que un campesino te escuche y trate en términos de igualdad es difícil.

TF: ¿Cómo definirías el espacio de creación de Furia y Colmillo? ¿cuál es el vínculo de este proceso con el arte?

Uno podría pensar que los productos que allí realizábamos no tienen nada que ver con el arte. Me acuerdo una vez en una conferencia donde llevé mi quesos, y empezaba la charla vendiendo mis quesos. No por el performance, sino porque mis quesos eran un dispositivo pedagógico para poder entender procesos de autogestión. Eran dinámicas que me hacían entender las distintas formas de producción y cómo uno también se apropiaba de las formas de producción que no tenían que ver con lo que se lee como arte.

Se hacían una serie de dinámicas pedagógicas tomando como pretexto la vida en el campo, la siembra, y esto arrojaba objetos que uno puede leer como artísticos: videos, diagramas, panfletos, folletos. Eran pretextos pedagógicos para poder pensar nuestra práctica artística en distintos escenarios, no sólo como productores estéticos que circulan en la lógica del mercado del arte. Son otras aperturas pedagógicas de resistencia, que vinculan otros actores que no son necesariamente del campo artístico. Por ejemplo, personas que resisten al agro-negocio, en las luchas campesinas. Toda la problemática con la que ahora me vinculo acerca de la implementación de los acuerdos de paz, claramente viene de ahí, los acuerdos pugnan derechos para el campesinado, eso es el 80% de los acuerdos de paz en Colombia.

TF: ¿Cuál es el diferencial que aporta este proyecto en el territorio?

Lo que yo hice en este espacio fue aprender. Uno genera espacios de vínculos, de cosas (…) Pero me he encontrado con gente muy organizada y muy pila. Entonces de ahí a que uno llegue a resolver asuntos tampoco. El artista no es quien resuelve, uno se tiene que resolver a sí mismo la vida porque uno está jodido en el capitalismo. Lo que nos sirve a todos y a todas es comprender que estamos siendo atravesados por estas formas de poder y actuar en la contradicción, porque de lo contrario uno se paraliza. No es tanto lo que yo voy a resolver en el territorio sino cómo voy a mediar con las contradicciones que se me aparecen.

TF: ¿Cuál es el enfoque desde el cuál se abordan los procesos creativos en Furia y Colmillo y de qué tratan?

Yo podría pensar que esto es productivismo de otra manera, actualizándolo a las dinámicas de las luchas campesinas. Es un poco pensarse: ¿cómo se produce desde el campo del arte?, ¿qué se produce?, ¿cómo se activan otro tipo de procesos que no necesariamente se leen como arte?, ¿cómo se interpretan los productos de reflexión a partir de estos dispositivo que no necesariamente se materializan?. Estos quesos, estos yogures, estos derivados son dispositivos pedagógicos y desde ahí se vinculan al campo del arte.

TF: ¿Cómo ves la relación del campo y la ciudad a partir de tu experiencia en Furia y Colmillo?

Aprendimos sobre la temporalidad. La concepción del tiempo en la ruralidad responde a otras lógicas. Uno puede tener esta información por la vía intelectual pero hasta que no se atraviesa esos aprendizajes por el cuerpo no se llega a comprender del todo. Esa idea de que el campo no está atravesado por el capitalismo, que la ciudad está a un lado y el campo en otro, es mentira. La ciudad y el campo son lo mismo en términos de las dinámicas capitalistas. Solamente depende de cómo tú te relacionas con esas dinámicas. Si te ciñes a los procesos productivos del agro-negocio o entiendes los límites naturales de la vaca o de la tierra. Eso nos enseñó, la autogestión en todas sus escalas. Si no se vive la autogestión no se puede hablar de ella y no se puede construir desde lo académico. La autogestión es estrictamente práctica desde la coyuntura económica, social y cultural que nos atraviesa.

* Tania Fuentes es profesional en Sociología de la Universidad Complutense de Madrid con maestría en Agroecología: Un desarrollo sustentable de la Universidad Pablo de Olavide. Actualmente es colaboradora e investigadora en el proyecto Residir de Proyecto Cocuyo.

Convocatoria Residencia Cocuyo 2021

A través del Programa distrital de estímulos del Instituto Distrital de las Artes realice un proyecto de investigación o creación en Residencia Cocuyo, una finca cafetera agroforestal en la zona rural del municipio de Cachipay, Cundinamarca.


RESIDENCIAS NACIONALES EN ARTES PLÁSTICAS

Estímulos categoría: 6. Proyecto Cocuyo, Cachipay, Colombia.

Número de estímulos: 1

Total de recursos: $ 12.000.000

Descripción general de los recursos a otorgar: se otorgará un (1) estímulo de doce millones de pesos ($12.000.000) moneda corriente.


Residencia Cocuyo / técnicas – tecnologías rurales plantea el encuentro con un artista, seleccionado por convocatoria pública, quien habitará por ocho semanas la finca El Cocuy en el municipio de Cachipay, Cundinamarca. Las tecnologías de la información y la comunicación en el campo, de la producción y gestión energética en pequeña escala, las modificaciones y adaptaciones de circuitos y dispositivos electrónicos en el contexto rural, son materias de exploración conceptual en este encuentro. A partir de la experiencia en la agricultura, los artistas que conforman el equipo de residencia, presentarán formas autónomas de trabajo y experiencias que permiten observar el vínculo arte y vida. Para este fin se desarrollan dos talleres que tienen como eje la relación arte, técnica y tecnología rural y dos salidas de campo que permiten conocer el panorama social, económico y cultural de la región. Estas actividades buscan el encuentro y la interlocución entre el artista residente y la comunidad, su economía e historia. Con ello se plantean detonantes para la emergencia de procesos de creación.

Duración de la residencia: ocho (8) semanas consecutivas entre el 1º de septiembre y el 30 de noviembre de 2021

Encuentre toda la información en la página del programa distrital de estimulos: https://bit.ly/31uGxO9

Residir

Hola somos Ana y Carlos de Proyecto Cocuyo. En este mes cumplimos tres años desde que nos fuimos a la montaña. Una serie de circunstancias sumadas a nuestra voluntad, se conjugaron para hacernos salir de las grandes ciudades e internarnos en el campo para vivir. Tuvimos muchas preguntas sobre cómo construir un espacio, una economía, una vida en un lugar completamente desconocido. La rutina y el ambiente social serian desde entonces lugares de experimentación, espacios abiertos, hojas en blanco. Entonces éramos artistas con actividad permanente en el campo del arte contemporáneo. Recientemente habíamos finalizado estudios de maestría en artes visuales en la ciudad de Sao Paulo. La vida en la ruralidad nos obligó a cambiar de prioridades, a alejarnos del sistema del arte y el mundo académico para entrar en el sistema agrario, en el cotidiano de la gestión de una finca cafetera agroforestal (lea aquí el resumen de nuestro primer año).

Siempre en nuestra mente estaba la idea de activar un espacio de residencia artística. Pero en medio de este propósito estaba la demanda diaria, la economía que debíamos levantar de cero. Así aprendimos a cultivar y procesar el café, las naranjas, las mandarinas, los limones, los bananos y a comercializar el producto en la ciudad. El café cocuyo es resultado de estos años de inmersión permanente en la vida agraria. Hemos vivido de sol a sol las tres últimas cosechas cafeteras, sus altos y bajos, sus dramas y alegrías, la satisfacción de trabajar con nuestras propias manos. Continuamos paralelamente la vida en el mundo del arte que se mueve por la inercia de años de trabajo. El ritmo de participación en proyectos y convocatorias se redujo sustancialmente. En estos tres años desde nuestra vereda desarrollamos un proyecto colectivo para una curaduría del 16º Salón Regional de Artistas – Zona Centro, evento que a su vez ayudamos a circular en nuestra región, recibimos la Escuela Flora del espacio Flora Ars+Natura y Carlos instaló un taller temporal para elaborar un proyecto para la exposición Nuevos Nombres del Banco de la República. Una red de espacios rurales, de gestores y pensadores libres se volvieron nuestros amigos [1]. Lentamente fuimos entrando en una comunidad que a su vez interactúa permanentemente con los pueblos a los que pertenece. Nos volvimos parte de un mundo que se inaugura desde hace varios años en los campos de Colombia y otras latitudes. Es una gran familia de personas que crecieron en las grandes capitales y que han decidido radicarse fuera de ellas, en las zonas rurales.

Hemos tomado distancia de nuestro campo de acción principal, del lugar que conocemos, donde nos formamos y crecimos. Y así residimos permanentemente en un lugar periférico, silencioso, pero que a su vez está lleno de una vida exuberante, de una raíz profunda que resuena. Así nos surge una pregunta que queremos responder a partir del testimonio de nuestros colegas, artistas de profesión: ¿Cómo se entienden los procesos de creación en las residencias artísticas? ¿Cómo se define el concepto de “residir” desde el campo del arte?

Para tal fin realizaremos entrevistas a espacios de residencia en entornos rurales, destinados a la creación y circulación de las artes plásticas y visuales en Colombia y América Latina. Publicaremos los testimonios de forma permanente.

[1] Proyectos rurales que conforman la Red de Permacultura del Tequendama.