Proyecto Cocuyo en 2017

Hola, somos Ana y Carlos de Proyecto Cocuyo. Hace un año nos trasladamos a zona rural de un municipio de Cundinamarca, en la cordillera oriental de Colombia. Desde entonces vivimos en una casa familiar, antiguamente ocupada por los abuelos de Carlos. Ellos vivieron acá hasta el fallecimiento del abuelo durante la cosecha cafetera de 2015. La casa es antigua, su construcción data de inicios del siglo XX. La historia de Colombia recorre la memoria del lugar: el trapiche abandonado, el camino real, la carretera, las ruinas de la antigua vía del tren, el café, la montaña, este lugar que aún respira un carácter agreste, inaccesible. Llegamos movidos por la fuerza que nos empuja lejos de las grandes ciudades, Ana es de Sao Paulo y Carlos de Bogotá. Somos artistas también, llevamos una vida profesional totalmente ligada al arte contemporáneo. Pero nuestro pasado es agrícola, nuestro ancestro es campesino del Paraná y de las montañas de Cundinamarca. Nos une el amor y la memoria de América del Sur.

En 2017 vivimos por primera vez una cosecha de café. También aprendimos el ciclo de algunas frutas de clima templado, el mango, la mandarina, la naranja, el limón. Sabemos ahora que el cacao se cosecha en Mayo y que el café es el protagonista dos veces al año. Identificamos el sistema de cultivo bajo sombra. Hoy en día se llama agroforesta al lugar en que vivimos y trabajamos. Es una forma de agricultura no intensiva, donde los cultivos se plantan y crecen bajo los árboles. El sistema respeta los ciclos naturales de las especies que viven aquí. Aún no catalogamos los pájaros pero identificamos colibríes, azulejos, cardenales y una familia de águilas que anida en las grandes palmas que rodean la casa. Ardillas de color rojizo andan por las ramas de los árboles. Insectos proliferan durante la noche, el cocuyo se ilumina constantemente después del atardecer. Existen abejas nativas “angelita”, carecen de aguijón y polinizan frutales, cafetales y flores de ciertos árboles. Las agroforestas son los sistemas creados y heredados por nuestra civilización, aprovechan lo necesario sin agotar la materia esencial para el desarrollo de la vida. Los bosques protegen el agua, la tierra y el aire, también nos brindan fuego si lo requerimos. El suelo se forma por capas de hojarasca, capas de tiempo. Algunos árboles y plantas fijan nitrógeno, necesario para el desarrollo y vida de la plantación.

Amigos voluntarios del mundo nos acompañaron en la cosecha, la restauración de espacios y objetos y el mantenimiento de nuestra huerta. Agradecemos a cada uno de ellos pues su forma de viajar aporta granos de arena en esta montaña. Durante 2017 nos adentramos en el misterio de la fermentación y procesamiento de café especial. Con ensayos y muchos errores conseguimos perfilar cuatro tipos de sabor de la materia prima. Así nació el “café cocuyo”, producto que procesamos, tostamos y empacamos en la ciudad. De igual forma iniciamos la preparación de mermeladas de naranja y mango, aprovechando el cultivo ya existente. Además del café los abuelos vivieron por muchos años de naranjas, mandarinas, guayabas y mangos, entre otros productos. Sin embargo el precio actual de estos no compensa su cosecha y transporte. Por esto vemos necesario su procesamiento. Una mermelada no solo hace viable el cultivo sino el aprovechamiento del alimento que se puede extender por un año.

Con ayuda de nuestra voluntaria Colline, fabricamos la compostera donde llegan todos los residuos orgánicos de la cocina. La huerta recibe esta materia y gradualmente va creando el suelo necesario para el cultivo de hortalizas. La tierra de la huerta debe trabajarse mucho más, nuestra experiencia nos mostró que el tamaño y calidad de los alimentos depende en gran porcentaje de las características y cuidado del suelo. Por eso nuestra primera cosecha arrojo mayoritariamente tomates, adaptados al tipo de suelo ya existente.  La red de permacultura del Tequendama, integrada por proyectos amigos que nos acompañan en la región, nos ayudó en la preparación de la primera cama de la huerta, donde este año iniciaremos nuestros cultivos nuevamente.

En 2018 tenemos semillas nativas de maíz y frijol donadas por Jimena Andrade en su finca y proyecto en Guasca, Cundinamarca. Continuamos reparando la casa donde recibimos los voluntarios. Este año planeamos la integración de las actividades hasta ahora desarrolladas con el arte, eje que completa nuestro proyecto. Arte, agricultura e historia es la plataforma desde la cual trabajamos. En este momento planeamos una programación cultural para el segundo semestre, iniciamos nuestro semillero para la huerta, reparamos la casa y continuamos la comercialización de nuestro café.

Agradecemos a quienes nos han apoyado en el primer año y de igual forma a las nuevas manos que vendrán 😉

 

One thought on “Proyecto Cocuyo en 2017

  1. Patricia VINCHIRA says:

    Los felicito por crear y ver crecer este proyecto, pues siendo los dos citadinos le apostaron al campo y la agricultura, Y están viendo sus frutos, tanto físicos como personales.Les auguro muchos éxitos

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